La ejecución ideal de cualquier actividad requiere un nivel máximo de tensión (arousal). Si la acción se ejecuta con más o menos tensión, o lo que es lo mismo, por encima o por debajo de nivel ideal, la acción se verá perjudicada.
Los dardos hay que sujetarlo y arrojarlos con un nivel de arousal adecuado. Si tiras un “penalti” blandito, le harás feliz al portero. Si lo tiras con demasiada tensión, te puede pasar lo que le pasó a Raúl en aquella ocasión tan especial que, para desgracia suya, se ha hecho histórica.
Al pensamiento le ocurre lo mismo. La actividad pensante también requiere unos niveles adecuados de tensión.
El perro se excita fácilmente. Al hacerlo, su atención se dispersa y muestra obcecación o bloqueo.
Sabe perfectamente cuál es la puerta de su perrera, pero sólo cuando está tranquilo, porque si está excitado, se mete en varias perreras antes de dar con la suya.

















