LAS DIFERENCIAS EN LA MANERA DE UTILIZAR LA INTELIGENCIA.

Published by mayoralcan on febrero 6th, 2012 - in Adiestramiento y educacion

La ejecución ideal de cualquier actividad requiere un nivel máximo de tensión (arousal). Si la acción se ejecuta con más o menos tensión, o lo que es lo mismo, por encima o por debajo de nivel ideal, la acción  se verá perjudicada.

Los dardos hay que sujetarlo y arrojarlos con un nivel de arousal adecuado. Si tiras un “penalti” blandito, le harás feliz al portero. Si lo tiras con demasiada tensión, te puede pasar lo que le pasó a Raúl  en aquella ocasión tan especial que, para desgracia suya, se ha hecho histórica.

Al pensamiento le ocurre lo mismo. La actividad pensante también requiere unos niveles adecuados de tensión.

El perro se excita fácilmente. Al hacerlo, su atención se dispersa y muestra obcecación o bloqueo.

Sabe perfectamente cuál es la puerta de su perrera, pero sólo cuando está tranquilo, porque si está excitado, se mete en varias perreras antes de dar con la suya.

La jauría persigue excitada a una presa. Se encuentra con un obstáculo, tal vez una pared, y los perros, en su excitación, se vuelven locos buscando una puerta o un agujero para atravesarla, sin percatarse de que la pared es tan baja, que pueden saltarla sin ningún esfuerzo.

El adiestrador quiere que el perro ejecute una orden sin pensar, como una máquina. Para ello, grita a su ayudante, “motivale, motivale”. En realidad está queriendo decir que le excite. Cuando el perro está excitado, es como un tren, se le pone en la vía y allá va.

Cuando se le relaja, se concentra y piensa.

Déjalo que se tranquilice y verás cómo piensa. Ponles paredes a lo perros de las jauría en la tranquilidad de su finca y veras como la saltan. Dale la orden tranquilamente y verás cómo se lo piensa.

Pero durante poco tiempo, porque al relajarse, se cambia rápidamente su estado de conciencia de vigilia por un estado que reúne todas las características del estado hipnótico. La voluntad se relaja y la actividad pensante “dormita”.

Para aprender cosas nuevas ponemos en juego toda nuestra inteligencia. Sin  embargo, una vez que han sido aprendidas, las sometemos a un proceso de automatización, para que su ejecución requiera mucho menos actividad cerebral y esfuerzo mental.

Cuando estás aprendiendo a conducir, que no te hablen, por que estas atento a todo: primero pisar el embrague, después mover la palanca para cambiar, luego soltar el embrague poco a poco mientras se va acelerando progresivamente. !Que no te hablen, por que se cala el motor¡.

Cuando has automatizado el cambio, cambias atendiendo al tráfico, regañando a los niños que se están pegando en el asiento de atrás y escuchando al locutor que está transmitiendo el partido por la radio. Aprendiste a leer con gran esfuerzo, juntando letras. Ahora, con muchísimo menos esfuerzo, ya no lees sino que tu vista vuela sobre grupos de palabras, e incluso sobre frases completas.

De esta manera, automatizando, creando hábitos, la capacidad de reacción queda libre y puede permanecer alerta a posibles peligros, y el pensamiento puede centrarse en nuevos aprendizajes.

Aunque esto último en el perro, es muy poco cierto, porque en cuanto se relaja, se autohipnotiza.

Es como si en el medio salvaje del perro, defenderse fuese más importante que pensar y aprender. Lo prioritario permanecer reservando energías para lanzarla bruscamente en una defensa o un ataque.

Tu perro adormilado junto a ti. De pronto, como si quemase el suelo, se incorpora bruscamente y sale derrapando, literalmente, tras algo.¿Cuantas veces te has visto sorprendido por esta reacción tan violenta?.

La facilidad de habituación del perro es su cualidad y su límite. Cada vez que insertas en el animal un condicionamiento operante y lo automatizas, te estás aprovechando de su cualidad. Pero también estás fomentando su límite.

La pedagogía basada en el hábito y la memoria, es cómoda, pero no es la más indicada para desarrollar la inteligencia del perro.

Enseñarle al perro mediante condicionamientos operantes es aprender a multiplicar memorizando las tablas mediante el canto. ¡Pobre utilidad!.

 

 

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