En anterior artículo hablamos de los trastornos por protensión excesiva. En este artículo entrare un poco mas fondo en este tema.
A efectos prácticos suelo dividir la protensión en tres niveles.
-En el nivel máximo: sitúo al perro salvaje y al asilvestrado. El deterioro, desde la perspectiva de la convivencia en la sociedad humana, es absoluto.
El medio de acceso a su domesticación consistiría en el método de reprogramación o recuperación psicológica. Pero nadie plantea esta necesidad porque a estos animales se les suelen perseguir para matarlos.
-En un nivel inmediato inferior: situamos a los perros que pese a padecer una acusada protensión convive con el hombre.
Para que lo entendáis mejor daré unos ejemplos:
El perro que se ha criado en un caserío. Al llegar a la edad adulta muestra claramente protensión. Mantiene una relación recelosa con el propietario y la familia, pero depende de ellos. La aptitud hacia todas las demás personas es de una desconfianza extrema que se traduce en una aptitud de vigilancia permanente. El propietario está encantado con él, porque es un gran vigilante. Lo tiene atado a una cadena porque no se fía de lo que puede llegar a hacer a un intruso. Lo suelta periódicamente para que corretee, pero siempre bajo su vigilancia.
El cachorrito llegó a casa de una tienda o un criadero. Al principio todo era normal. Era juguetón y se comunicaba muy bien, luego, progresivamente, se fue volviendo más alejado. Le encanta la familia, pero necesita mantener una distancia. Es como si prefiriese vivir en el jardín. No admite caricias ni que lo toquen. Si pasas junto a él cuando esta dormitando, gruñe o se levanta y se aleja. Le cuesta mucho comer de la mano del propietario. Cuando se acerca una visita, ladra. Cuando entra la visita, recula. Si se le presiona, se tira a morder. Dicen que es tímido y que muerde por miedo, pero están equivocados. En realidad no tienen más miedo que otros perros. En el fondo es un perro como todos los demás, pero tremendamente desconfiado.
El deterioro es considerable. Por tanto, hay que hacerse a la idea de que el animal va a disfrutar de una libertad que deberá restringirse en función de sus posibilidades de convivencia.
Durante la infancia y la juventud se debe ampliar todo cuanto sea posible su socialización. Eso tiene una importancia capital.
Pero una vez que el trastorno se instaura en el animal adulto, es muy difícil ampliar los límites de su socialización. La intervención debe consistir en conocerlos minuciosamente para decidir la clase de vida que puede llevar.
¡Conocer al perro! Estudiar sus reacciones. Contempla siempre la posibilidad de la agresión. El perro receloso tiende a sentirse agredido y huye o ataca para defenderse. La motivación hostil puede desarrollarse rápidamente.
Es importante también saber las posibilidades que tiene el ambiente de adopta un perro con esta característica. “Piensa ante todo en término de evitación y control de la agresividad”.
-En un nivel mas bajo: la protensión probablemente está en todas las razas y en todos los sujetos, aunque permanezca enmascarada. Por ejemplo, tal vez la fama de loco chiflado del setter irlandés obedezca a la coincidencia de esta variable con una afectividad incontenible.
Hay que tener siempre los ojos abiertos a estas pequeñas manifestaciones de la protensión. Suele ser muy estable o renuentes.
Interesa verlas a tiempo e identificarlas para:
-respetarlas y buscarle las vueltas antes de persistir en terapias que llevarian al fracaso.
Teóricamente, siempre se debe intentar corregir lo que consideramos incorrecto, pero si ves que la conducta se resiste, porque tiene un soporte de protensión, no insistas y trata de buscarle las vueltas.
Para adoptar a tiempo medidas preventivas ente posibles agresiones.
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